domingo, 10 de marzo de 2013

UN DÍA DULCE (poema)


Un día dulce

 

Tu mano en mi cintura.

Las mías al aire.

Perderme en un segundo

entre tu cuerpo y tus ganas,

para arropar un sueño

junto a tu ardor, mi amor.

Junto a tu pecho,

junto a tu aroma,

junto a tus ropas

moriré despacito

cariño un día más.

 

Mírame intensamente,

excítame con tus palabras,

susúrrame tu deseo

servido en copas de besos

en tus labios.

Mis ojos te miraran como siempre.

Penetrando tu ser por entero,

traspasándolo de norte a sur,

para dejarlos infinitamente

una vez más sin aliento.

 

En ese instante preciso,

gemirá la guitarra una vez más,

me lanzaré contra tu boca

para rescatar una nota muda,

un compás adormecido,

un ritmo frenéticamente inconexo.

 

Una cama para tres amor.

Cuerdas de un delirio

mansamente infinito,

infinitamente sumiso.

sábado, 9 de marzo de 2013

LAS TIJERAS (escrito)


 

Había amistad. Yo la sentía. Las cartas para darle mi cariño, ese apoyo que todo el mundo necesita cuando la vida te pone una y otra vez la zancadilla, le llegaban cada semana sin remedio. Si tenía un mal día ella se presentaba con una rosa a alegrarme pero yo no veía la rosa sino su gesto, su mirada sincera, su forma tan especial de ver un mundo.

 

Había afecto. Yo la vivía. En cada señal, con cada palabra, con cada movimiento de su abrazo al apretarme fuerte contra su pecho (eso no se puede fingir,… eso se sentía. En cuestión de amistad, la peor actriz, jamás podría aparentar algo tan grande como lo que había entre ella y yo).

 

Había cariño. Yo la creía. Me decía que era alguien especial. Le explicaba que era una mujer digna de todo lo que el presente le negaba. Me hablaba como si fuera algo más que una hermana para ella. Yo no necesitaba decírselo porque ella lo sentía con mi ternura.

 

Cuando el verdadero amor llamó por fin a su puerta, me dejó que pudiera compartir con ella la alegría primitiva que centelleaba en sus ojos con inmenso respeto (luego a solas, lloraba porque yo lo sabía desde ese instante,… ¡Mi niña iba a ser una gran esposa (pues ese había siempre sido su deseo)! Había encontrado a su alma gemela).

 

Caí en un colosal desaliento vital y no deseaba ver a nadie. En mis profundidades no necesitaba a nadie. ¡Ella no me dijo nada! Cogió su valentía de veinteañera primeriza, bajó a las profundidades de los infiernos y me trajo con mucha fuerza, más de la que yo hubiera esperando de nada, al mundo realmente doloroso con una fuerte bocanada de aire fresco.

 

Me tendió una mano enorme cuando el camino laboral se complicaba por completo. Jamás creí que aquello pudiera ser una gran farsa. Nunca hubiera imaginado que fuera eso el fin de todo o el principio de mi claridad ofuscada durante mucho tiempo (cuatro años y ciento sesenta y siete días ciega por una amistad aparentada).

 

Quién sesgo lo nuestro estaba de mas (aún no se si realmente existió ese alguien). Una lengua maldita, unos celos henchidos de locura, una verdades mal expresadas, acabaron con aquello que parecía tan sólido como la más grande de las montañas. La dinamita fue cimentada muy abajo y con un chasquido de nada, lo convirtió todo en millones diminutos de segmentos destrozados.

 

Algunos, los pocos que conocían nuestra triste historia, dijeron que no se lo creían pese a ver la actitud, las pruebas, los escritos malintencionados que surgieron de sus manos destrozándome por completo.

 

¿Una maldición? Yo creía en ellas. No puedo negarlo. Ella alargó unas tijeras con sus manos. Aquello seccionó para siempre lo nuestro.

 

Muchas veces me pregunto si hubo algo real durante aquellos más de cuatro años juntas. La respuesta nunca llega pero yo notaba que había confianza. Yo percibía que éramos amigas. Si mi percepción fue ilusa eso da igual. Yo sentí su amistad en algún momento. ¡Con eso me quedo! Pese a malo, yo me quedo con eso.

 

 

 

viernes, 8 de marzo de 2013

FANTASMA (escrito)


 

No había nada. Un olor impregnaba el ambiente pero no había nada. Existía en el aroma algo familiar, desconcertarte, inesperado pero no era nada. Intenté agudizar mi oído, escuchar lo que mi nariz intuía y no era capaz de ver pero no oía nada. En el ambiente se respiraba algo pendiente pero no era aquel olor. Era más una sensación, una forma de que algo vivía entre un mundo, el que yo conocía, y otro bien distinto que jamás hubiera conocido, no siendo sólo yo.

 

Una brisa apareció de repente. Las ventanas estaban cerradas. Las puertas, también lo estaban. Un murmullo en el viento empezó a erizarme la piel. No podía entender lo que el aire quería decirme, un aire que no venía de ninguna parte y que no dejaba de traspasar hasta mi propio espíritu.

 

“Carne podrida,… ¡Sólo eso! No hay nada después de la muerte sólo carne podrida y sufrimiento. ¡No creo en ti! ¡No tengo miedo! ¡No tengo miedo! ¡No tengo miedo! Sólo carne podrida. Sólo eso”.

 

Lo grité a boca llena para fuera con mucha fuerza. Lo que me rodeaba no podría. Si había un ente, un alma en pena, cualquier criatura de otro mundo, a mi no me importaba. No creía en ello. ¡Jamás creería!

 

Un golpe seco. Se apagó la luz.

 

“No tengo miedo del recuerdo. ¡Vete a asustar a otra! Yo no creo. Tengo mi alma en paz. ¡Nada puede conmigo! Si no puedes olvidar no es mi problema. Aquí no tienes nada que hacer. ¿Me oyes? ¡NADA!”.

 

La brisa cesó en mitad de la oscuridad. El silencio lo rodeo todo. Supongo que se había dado por enterado fuera lo que fuera. Caminé unos pasos y se encendió la luz de golpe. Miré frente a mí y me asusté mucho. Alguien me miraba con la cara demacrada, ojeras profundas, tez blanquinosa, cuerpo cansado. Intenté decir algo pero no me salían las palabras. Alguien me miraba fijamente como intentado averiguar mi parte mas débil. La señalé con el dedo de forma acusatoria para que me dejara en paz fuera lo que fuera. Me sorprendió cuando ella también me señaló. ¿Se intentaba burlar de mí?

 

Entonces sí que sentí un profundo miedo. Caí al suelo. Miré fijamente al espejo, porque lo que había delante de mi, sólo era un espejo. ¡Estaba aterrada! Esa era yo, un alma en pena, una muerta en vida caminando entre dos mundos sin saberlo.

 

¡Era un fantasma! Eso era. El recuerdo de una persona del ayer,… sólo eso.

jueves, 7 de marzo de 2013

MI REALIDAD (escrito)



 

Mi realidad era un vaso de cristal. A veces lo había pasado de un lado al otro sin importarme que se rompiera. Otras veces, otros habían intentado arrebatármelo en forma de juego. Pese a toda su fragilidad, jamás se había roto hasta aquel día. Lo había envuelto aquel día entre decenas de plásticos de burbujas, centenares de porexpan con formas indefinidas, miles de cajas y más cajas para dejarla completamente protegida de todo. Pero jamás se puede proteger la realidad de uno como si de un utensilio de cocina fuera.

 

Aquel día fue uno como cualquier otro. Me levanté, me duché, me vestí, preparé el desayuno y me preparé para salir. Antes de que alcanzara la puerta, sonó el timbre. ¡No era algo habitual! Normalmente nadie llamaba a nuestra puerta y eso nos gustaba. La abrí con cierto recelo y me topé de golpe con dos hombre uniformados con trajes oficiales de aquellos de estado o de miliares. ¡Jamás los había visto! Insistieron en entrar y que me sentara. En aquel momento me dí cuenta de que me iban a decirme algo que no me gustaría (normalmente, cuando alguien insiste en que te sientes, es para dispararte un tiro a bocajarro con un jarro frío de realidad).

 

Me senté y me sentí fría incluso antes de recibir la noticia. El vaso, mi realidad francamente guardada entre mil cojines de plumas, se rompió en millones de cristales rotos en un estallido mortal contra el suelo.

 

Él, mi alma gemela, mi otro yo, había sido secuestrado en una ciudad que no podían revelar. Sólo alcancé a decir que se habían equivocado, que no podía ser él. ¡Mi pareja trabaja de comercial! Viaja pero no va a países problemáticos. ¡Me equivoqué! Mi pareja era un militar. Un militar que me había engañado por el bien de su país.

 

Entré en estado se shock. ¡Diez años de mentiras! Resonaba esa exclamación en mi cabeza una y otra vez. ¡Diez años de mentiras! Se repetían como un eco angustioso que invadía todo mi ser por completo. ¡Diez años de mentiras! Sin nombre, sin apellido, sin vida,… Toda una farsa tan bien montada que me la llegué a creer hasta yo. ¡Diez años de mentiras! Y una vida, una realidad, despezada contra el suelo de nuestro hogar. ¡Diez años de mentiras!

 

No podían responder a nada, ni aclarar mis dudas, ni consolar mis angustias, ni nada. Ni siquiera sabían si podían rescatarlo de sus captores. ¿Cómo empiezas una vida después de desvelar que todo era una gran mentira? ¡Diez años de mentiras! Esa era mi realidad…

miércoles, 6 de marzo de 2013

CONSPIRACIONES MUDAS


Que el pueblo piense no es bueno. Que el pueblo opine no es bueno. Que el pueblo tenga una visión diferente no es bueno. Que el pueblo ejerza sus derechos no es bueno. Que el pueblo se revele no es bueno. Así podría seguir hasta quedarme sin folios o acabar dormida sobre el teclado del ordenador pero la verdad, que pese a lo que opine una gran mayoría, el poder no radica en el poder del dinero sino en el poder de la mayoría, del pueblo, de la gente.

 

Si miramos atrás y vemos la historia es fácil saber esta respuesta. Por ejemplo, si miramos las causas de la Revolución Francesa encontramos (según Wiki) que en términos generales fueron varios los factores que influyeron en la Revolución: un régimen monárquico que sucumbiría ante su propia rigidez en el contexto de un mundo cambiante; el surgimiento de una clase burguesa que nació siglos atrás y que había alcanzado un gran poder en el terreno económico y que ahora empezaba a propugnar el político; el descontento de las clases populares; la expansión de las nuevas ideas ilustradas; la crisis económica que imperó en Francia tras las malas cosechas agrícolas y los graves problemas hacendísticos causados por el apoyo militar a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Esta intervención militar se convertiría en arma de doble filo, pues, pese a ganar Francia la guerra contra Gran Bretaña y resarcirse así de la anterior derrota en la Guerra de los Siete Años, la hacienda quedó en bancarrota y con una importante deuda externa. Los problemas fiscales de la monarquía, junto al ejemplo de democracia del nuevo Estado emancipado precipitaron los acontecimientos.

 

Si seguimos repasando la historia, en 1917, El zar de Rusia, Nicolás II, se vio forzado a abdicar. Este acontecimiento marcó el fin de varios siglos de gobierno imperial autocrático, y la monarquía desapareció cuando el zar y su familia fueron asesinados en misteriosas circunstancias por los bolcheviques.

 

Nicolás II, fácilmente influenciable, no acertó muchas veces a escoger a sus ministros y  sus consejeros, muchos de los cuales fueron tachados de incompetentes o de corruptos. Por otra parte el zar era un marido devoto de su mujer y de su familia, que prefería la tranquilidad de la vida privada a cualquier cosa. Tuvo cuatro hijas, y finalmente, el heredero Alexis, que sufría la enfermedad de la hemofilia. Esta fue una de las causas de que, tanto el zar como la zarina Alejandra, se dejaran influir por embaucadores, especialmente por el disoluto y legendario Rasputín.
El desastroso conflicto con el Japón (1904-1905) creó un desorden revolucionario en toda Rusia y, aunque el zar se vio forzado a promulgar una constitución, no obstante permaneció ciego ante las necesidades reales de su pueblo. El estallido de la primera guerra mundial fue una terrible conmoción para Rusia y el principio de una guerra civil con disturbios en las calles y motines en el ejército y en la marina...
El affaire Rasputín complicó todavía más la situación de la familia imperial, abocada a un trágico final.

 

Y seguro que si seguimos buscando, encontraríamos más y más datos históricos que sin querer o queriendo, nadie, en especial los que tienen ese “poder” imaginario toman en consideración. Una frase que decía mi profesora de historia era “Aquellos que ignoran su historia están condenados a repetirla” (sé que la frase no es suya pero yo hoy se la tengo que otorgar a ella, porque cuando la escuché la primera vez, quedé francamente fascinada de la solemnidad es esas palabras). Pese a todo, pese a que sabemos lo que pasó y la fuerza que tenemos, no seguimos creyendo esas “conspiraciones mudas” no tan silenciosas que apartan a una persona publica muy MANCHADA POR UNA VERDAD REALMENTE INCOMODA QUE EL MISMO OCULTABA, que ignoraba una y mil veces LAS NECESIDADES REALES DE SU PUEBLO, con una “baja” de larga duración MUY CUESTIONABLE. ¿No creéis que es demasiada casualidad que nos quiten de delante a esa personalidad? ¿Qué buscan con ello? ¿Lástima? ¿Pena? ¿Perdón? ¿Comprensión? ¿Respeto? Eso no se busca y menos cuando se ha escondido muchas veces la realidad palpable hasta dejar al descubierto que según su visión, los que peores lo pasan, son los que no tienen para un nuevo coche, o para unas vacaciones en Baqueira, o una estancia en el Palacio de Mirabent, o para un nuevo viaje al fin del mundo. No, señor, no. Quien lo pasa peor es el que NADA TIENE no el que por privilegios adquiridos, encubre usted aun no se sabe por que. Una cosa está clara, en la calle, en casas embargadas por los bancos, en cementerios yacen NOMBRES DE LAS PERSONAS A LAS QUE USTED, Y PERSONAS COMO USTED, por no decir la verdad, HAN LLEVADO A LA MISERIA, A LA PERDICIÓN, A LA PENURIA, A LA POBREZA Y LO PEOR DE TODO,… A LA MUERTE.

 

En fin, ya lo dice un dicho: “El harto no se acuerda del hambriento”. Es una lástima saber que una vez más, esto se cumple sin remedio y si con mucha FALSA ENFERMEDAD LARGA.

 
MORALEJA: Dijo Juvenal: “El pueblo, del que en otro tiempo dependían el gobierno, la justicia, las fuerzas armadas, todo, ahora se desentiende y sólo desea con ansia dos cosas: pan y circo”. ¿Pero si no hay nada? ¿Qué sustentara al pueblo? Las ansias de que esas ANSIAS sean saciadas de nuevo

martes, 5 de marzo de 2013

VACACIONES DE AGOSTO EN LA OFICINA (relato)



Era principios de junio cuando empecé a trabajar después de un paro casi de dos años. Era raro tener que trabajar en vacaciones después de tanto tiempo. Ver como la gente empezaba los preparativos para ese periodo estival me ponía un poco los dientes largos. Lo único que me gustaba de las vacaciones era que los jefes, los responsables y departamentos de demás, se iban y podías trabajar un poco más tranquila, sin tanta presión laboral por parte de los que tienen galones.

 

 

Había llegado el mes de julio y los primeros en irse de vacaciones de despedían de sus compañeros con la tez blanca, los cuerpos agotados y las caras de alegría.

 

El mes de julio fue cálido. Apenas podría aguantarse con una camiseta de manga corta y un pantalón pirata fino. Daban ganas de ponerse alguna camiseta de tirante, algo fresquito pero aún había demasiados jefes como para ser un poco indecente con la ropa.

 

Pasó julio y en la empresa empezaron a llegar rostros morenos, cuerpos bronceados, caras tristes pero descansadas. Los de agosto tomaron en relevo a sus compañeros y fueron desfilando para su libertad bajo el sol.

 

Cuando empezó el agosto el sol dentro de la oficina era agobiante. Apenas quedaban responsables pero había que guardar el decoro en la oficina.

Ya no había ni jefes ni compañeros cuando llegó la segunda semana de agosto. La tarde era tranquila ya que muchos hacían jornada intensiva (eran pocos los privilegiados pero muchos, que por falta de control, se tomaban la licencia de faltar por la tarde).

 

 

Llegó el viernes y yo no podía aguantar aquellos días ardientes que nos estaban dejando casi sin fuerzas a todos los que teníamos que pasarlos trabajando en una oficina. Rebusqué en el armario y cogí una camiseta de tirantes blanca muy fina y fresquita. Parecía casi trasparente pero era los más cómodo para un viernes laboral. También cogí un pareo de vestir blanco y negro que me llegaba un palmo por encima de las rodillas. Siempre me había resultado sugerente y sensual porque sólo, con desatar el lazo con el que estaba retenido en la espalda, se caía al suelo grácilmente. La ropa interior blanca y fresca, con un sujetador tipo balconet que dejaba el pecho insinuante y servil para los ojos de los desconocidos. Unas sandalias finas, blancas eran el complemento perfecto para no sufrir ni calor ni siquiera en los pies.



Me fui a la empresa segura, tranquila, relajada. Cuando llegué al trabajo no había apenas nadie. A medida que fue avanzando la mañana, seguro que por ser viernes, ni sonaban los teléfonos y apenas había una persona por departamento. Me sentí segura y me puse el MP3 que llevaba en el bolso para escuchar un poco de música. Había seleccionado unos ritmos muy veraniegos para poder ir a trabajar contenta y despreocupada. Empezaron a sonar en mis oídos y mi cuerpo se empezó a mover sólo pero discretamente. ¡Siempre me había gustado bailar!

 

 

Llegaron las 15h de la tarde y la poca gente que quedaba, fue desfilando para sus casas. Media hora más tarde sólo quedaba yo en la oficina. Seguía escuchando la música y haciendo mi trabajo. Tenía que escanear muchos informes y, como no sonaba el teléfono, me puse el MP3 en los dos oídos mirando fijamente la luz de llamada de vez en cuando mientras escaneaba los todos los documentos.

 

 

En mi reproductor de música empezó a sonar QUE EL RITMO NO PARE de Patricia Manterola y todo mi cuerpo no pudo contenerse. Los pies seguían el ritmo, las caderas parecían ser acompañadas en sus movimientos por las manos invisibles de la música. En poco tiempo no era consciente de lo que me rodeaba y me movía de forma sensual delante de la fotocopiadora mientras iba escaneando los papeles. Salí de mi ensoñación cuando una mano me tocó en el hombro. Era Cristian, un responsable que me avisaba de que había llegado para que no me asustara. Tras él estaba también Ricardo, otro responsable de estructura y Toni el responsable de la división de Rubí. Sus ojos parecían sobresaltados al verme al igual que yo al ver sus rostros. Cristian me dijo que había un problema con una obra y necesitaban todos los informes de la misma para poder arreglar el entuerto: de materiales, de estructura, de hormigón, de aguas, de cementos, de instalaciones,… ¡Todos! Busqué la referencia que me dieron y ellos se metieron el despacho de Toni con los portátiles. Los tres se sentaron alrededor de la mesa redonda que había en el despacho.

Me metí en el archivo y saqué todo lo que me pidieron. Los cogí todos y los fui llevando como pude al despacho donde estaban. No se como, cogí demasiado una de las veces y al entrar por la puerta, caí al suelo esparciendo todas las hojas por doquier. Los tres me ayudaron a recogerlos y me preguntaron si me había hecho daño. Les sonreí y les dije que sólo en mi orgullo. Tenían unas caras diferentes. Vestían con polo de color azul, blanco y amarillo y tejano desgastado con bambas de deporte. Su semblante, pese a todo, era despreocupado y eso les daba un aire de calidez, de sensualidad, de atractivo especial. Mientras me ayudaban a recoger los papeles, noté la mano de uno en mi mano, la de otro en mi otro brazo para ayudarme a levantarme y la mano del último rozar sin querer mi pecho al dejarme lo que había recogido sobre lo que yo había rescatado del suelo. Aquella situación y el sentir sus manos por mi cuerpo aunque sólo habían sido pequeños roces, hizo acelerar mi corazón y empezar a ver a aquellos jefes como nunca los había mirado, como hombres activos y apetecibles sexualmente hablando.

Me fui a buscar los últimos informes solicitados pero mi mente sólo podía pensar en aquellos hombres que estaban a solas, en una oficina, en un despacho y sólo para mi si yo deseaba. ¡Y yo empecé a desearlo! Me empezaba a quemar por dentro el deseo.

 

Entré en el despacho y mi cuerpo estaba todo revolucionado. Mis pezones estaban completamente erectos y me sonrojé cuando fui consciente de ello una vez dentro. Cristian me miró y sentí enrojecer todo mi cuerpo de la cabeza a los pies. Se levantó y me cogió dulcemente la mano. Me giré hacia la puerta para salir pero no me soltaba la mano. Sus ojos eran dulces y sabía que no me haría nada. Vino hacia mí. Su cuerpo estaba en mi espalda y pude notar como empezaba a acelerarse su respiración. Su otra mano apartó mi pelo de la nuca y empecé a sentir sus labios en mi piel. No podía ver ni a Toni ni a Ricardo pero sabía que estaban allí y eso acrecentaba mi deseo y mis ganas.

Los labios de Cristian fueron avanzando poco a poco hasta llegar a mis labios y otros tomaron su relevo en mi nuca. No sabía si eran de uno o de otro pero si que ese roce hacía que mi deseo creciera. La boca de Cristian fue moviéndose hacia un lado y la que estaba detrás empezó a avanzar posiciones hasta llegar a mis labios. Era Toni el que me besaba ahora mientras las manos de Cristian se metían por debajo de mi camiseta y alcanzaban mis pezones. Ricardo era el que estaba en mi espalda ahora y hacía que mi nuca estuviera completamente deleitada con todas las caricias recibidas. Toni bajo sus manos a mis caderas y se ladeo un poco para que Ricardo llegara a mis labios. Cristian se quitó el polo y los otros dos le siguieron. Se colocó después tras de mi y me quitó la parte de arriba. Ricardo y Toni se lanzaron a mis pechos y ladearon las copas del sujetador mientras con sus bocas devoraban mis erectos pezones con deseo. Yo gemía de placer una y otra vez. Se despojaron de sus pantalones los tres, de los zapatos del resto hasta quedarse en los tres en slip. Cristian atacó el lazo que ataba mi pareo y este cayó al suelo mientras sus manos acercaban mi trasero a su sexo cubierto aún. Mis manos alcanzaron el sexo de Toni y Ricardo que estaban delante de mí acariciando todo mi cuerpo. Tenían sus penes duros, firmes, llenos de deseo contenido. Mi sexo se humedecía al sentir su virilidad entre mis manos, sus gemidos rodeándome mientras mi mano se movía acompasadamente incrementando sus ganas.

 

 

Cristian me desató el sujetador desde atrás y mis pechos quedaron en libertad mientras las manos de Toni y Ricardo los acariciaban con una y con la otra se deslizaban por mi cuerpo hambriento. Sentí como alguien me despojaba de mis braguitas y cuando abrí los ojos estábamos los tres sin ropa alguna. Cristian se acercó a mi trasero y lo penetró con deseo. Mis manos seguían acariciando los sexos de los otros dos que gemían deseoso de adentrarse en mí. Entre gemidos me incorporé hacia adelante y empecé a lamer de forma alterna los sexos de Toni y Ricardo. Cristian seguía llevándome con sus embestidas acompasadas al nirvana del orgasmo una y otra vez.

 

 

Me acerqué al sexo de Toni y empecé a lamerlo entero, chupando el glande, deslizando mi lengua por cada centímetro de su virilidad creciente. Mientras mis manos seguían poniendo a tono a Ricardo esperando que su sexo me penetrara con deseo y fuerza. Sentí como la leche caliente de Cristian se derramaba en mi trasero mientras Toni lo hacía en mi boca. Me incorporé y los dos que se habían derramaron dejaron paso al que aún no.

 

 

Ricardo me cogió de la mano y se sentó en una de las sillas que había. Su sexo estaba a punto de estallar cuando me puse a ahorcajadas sobre él y sentí su sexo adentrarse en mío. Me movía como si mis caderas siguieran el ritmo de una salsa, de un merengue, de un reggaeton. Él no paraba de gemir y los otros dos, nos miraban con deseo creciente. Yo me derramaba en su virilidad mientras el gemía más, y más, y más, y más, y más, y más, y más, y más, y más, y más, y más, y más, y más,… hasta que sentí su ambrosía ardiente desaguarse en mi interior.

Toni se acercó a mí y me beso en los labios mientras Cristian y él me ayudaban a levantarme de encima de Ricardo. Toni se puso tras de mi y note su sexo firme, duro adentrándose entre mis nalgas. Cristian se acercó a mí y penetró mi sexo húmedo, caliente, lleno de fuego. Los dos me penetraban acompasadamente haciendo incrementar mis ganas con sus gemidos, con sus envestidas certeras y sensualmente firmes. Me estaba poniendo cada vez más y más cachonda. Mis gemidos, mis gritos ya no los podía contener. Ricardo se había recuperado y se acercó a nosotros tres. Mis manos se deslizaron hacia su sexo firme otra vez mientras Toni y Cristian seguían haciendo arder mis ganas con más leña. Los tres gemían de forma desacompasada. Yo ya no gemía sino que gritaba como una posesa poseída por tres penes hambrientos, dos envistiéndome cada vez con mas fuerza, más rápido y otro duro, firme que recibía mis caricias con deseo que creía más, más y más. Sentí como casi a la vez se derramaban los tres y yo culminaba mis ganas con un grito sofocado de placer supremo. Los tres caímos rendidos en la mesa redonda y nos quedamos allí un buen rato.



 

¡Fue algo increíble! No estaba aún al cien por cien de fuerzas y no pensaba más que el volverlo a repetir con aquellos tres dioses del sexo.

lunes, 4 de marzo de 2013

HABÍA UN MUNDO MEJOR DONDE NACÍ Y HABÍA CRECIDO,…

 

Volví como vuelve la mala hierba a nacer después de mucho tiempo pese a que la tierra fuera regada una y mil veces con agua salada. ¡Ese era yo! Una parte amarga de una tierra de la que tuve que distanciarme sin razón y motivo (o quizás fue esa parte desagradable de mi tierra la que me hizo distanciarme, la que me causo en mi cuerpo ese rumor de “mala hierba renacida” que ahora sentía invadir cada milésima de mi sangre).

 

Durante mucho tiempo tuve envidia de todas aquellas personas que podían presumir de ser de un sitio o de otro, que colgaban orgullosos en sus balcones una bandera cuando ganaba su selección de futbol o que simplemente la ponían en días señalados como era costumbre en su país. ¡Yo nunca pude hacerlo! Escapé como un prófugo, como un delincuente cuyo único delito había sido, ser amigo del amigo de un hombre que en el fondo,… no se portó bien con los suyos (tener que escapar por eso de tu mundo, de donde naciste, de donde creciste y vivir para siempre alejado de tus calles, de tu gente, de tu pasado,… es algo más duro que lo que muchos piensan. ¡No deberían ser condenados los niños por delitos políticos de los amigos de sus padres! Pero entonces yo era demasiado pequeño para entenderlo y me limitaba a esconderme en el fondo de un camión de estiércol para pasar a escondidas hacia el puerto y de allí, hacia un nuevo mundo, una nueva vida. ¡Ese sería mi futuro mas tarde! Estar hasta el cuello de mierda por no tener patria, ni bandera, ni pasado).

 

Mis padres huyeron, yo simplemente fui arrastrado contra mi voluntad (no dejaron heridas en mi cuerpo de ese forcejeo pero en mi alma, las llagas jamás cicatrizaron del todo. Siempre hubo una herida purulenta que me recordaba una y mil veces, lo ajeno que es un niño en un mundo de adultos). ¿Qué sabía yo de la vida si apenas tenía siete años? Durante mucho tiempo consideré que mis padres eran el enemigo pues había sido por su culpa, que había tenido que renunciar a todo (crecer con ese rencor, con esa ira tan adentro de uno, no fue fácil. Lo peor de todo es que jamás se lo perdoné y a mis dieciséis años, los abandoné por sus “delitos antiguos” y me fui sólo a vivir bajo un cielo estrellado. Cualquier vida, incluso la de indigente, era mejor que vivir con unos seres que me habían amargado la infancia por sus influencias o ideas políticas. No podía vivir con aquellos personajes que habían sido cómplices de mi desilusión inicial del mundo. Si lo habían pagado por sus delitos en su tierra ahora purgarían sus pecados, que los tenían y muy gordos a sus espaldas, por el daño en mi infligido al alejarme de mi universo).

 

Ser indigente no fue fácil pero con un poco de suerte, aprendí que volver estaba en mis manos y a mis veinticinco años de vida, cogí el camino de vuelta a mi hogar, a mi verdadera morada, donde provine y me críe hasta que todo cambió.

 

Nunca hubiera pensado que se podía cambiar tanto un mundo en tan sólo dieciocho años. Todo lo que vi a mí alrededor era tan familiar como desconocido. Había un mundo mejor donde nací y había crecido,… pero yo ya no era capaz de verlo. Mis ojos ya no eran de niño sino de un adulto que había renegado hasta de sus padres por volver a una tierra que ya no existía.

 

La lucha que nunca tuvo fin en mi interior aquel día, acabó con mi alma. Caí al suelo, arrepentido, malherido, emborrachado de verdad. El aire se escapó por última vez de mis labios y mi cuerpo, yació para siempre, en aquella tierra regada por agua salada durante muchas primaveras. ¡Por fin algo había matado a la mala hierba! Aunque, tener por seguro, que nunca fue el agua con sabor a mar.