miércoles, 27 de noviembre de 2013

LA NUEVA COCINERA (relato)

 

En la empresa éramos unos quinientos empleados y como estábamos en un polígono apartado, se instaló un comedor para todos con un precio simbólico por menú, para que no tuviéramos que desplazarnos sobretodo los que trabajábamos en la oficina y teníamos turno partido.

 

La cocinera de siempre, Cristina, había sido mama y durante esos cuatro meses de baja maternal, sería reemplazada por otra chica. Decían que era encantadora pero yo no la había visto aún.

 

Habían pasado dos meses de su incorporación y aún no la había visto una vez. No es que me quitara el sueño pero siempre que entra alguien nuevo, además si es mujer, los hombres tenemos que hacer nuestra inspección previa sólo por mera curiosidad (no es una norma establecida pero algo bonito merece ser admirado y nada más bello que una mujer).

 

Cuando la vi la primera vez, tenía el pelo recogido, con ese gorro típico de cocina que no favorece nada. Iba toda vestida de blanco, el típico uniforme de cocinera.

 

Antes de irnos de vacaciones de Navidad, hicimos una fiesta unos cuantos compañeros y compañeras de trabajo. Se apuntó mucha gente y fue agradable porque no era la típica cena de empresa que te ves obligado a ir por compromiso sino una cena de compañeros que cada cual se pagaba lo suyo. Nos sentamos en una mesa grande que prepararon para nosotros en un restaurante y, al ser tantos, como unas cien personas, nos dejaron el comedor todo para nosotros. No había menú. Podíamos elegir lo que nos diera la gana de la carta. Además, tenían un DJ que pondrían para nosotros primero de fondo para comer tranquilos y luego, con el café, como si fuera una mini discoteca sólo para nosotros.

 

Llegó la hora de los postres y el café. La música empezó a volar por el ambiente con ritmo. Algunas mujeres salieron a la pista cuando empezó a sonar La bomba de Ricky Martín (es bueno observar desde lejos como bailan la chicas). Había una de ellas que no me sonaba de nada. Morena, pelo suelto recogido en un moño (parecía tenerlo largo y rizado), vestido negro con bolero, zapatos de tacón alto negros y una silueta no muy delgada pero con curvas de escándalo. Pregunté a un compañero que quien era ella y me dijo: “Es Francesca Fourside, trabaja en la cocina temporalmente”. ¡¡¡Madre mía!!! ¿Ella era aquella mujer vestida de blanco con gorro? Me dije a mi mismo que hay ropas que no favorecen nada. Pablo, mi compañero, me dijo que era italiana, que sus padres eran de Texas y Roma. Que había trabajado en grandes centros culinarios de toda Europa y que ahora había decidido tomarse un año sabático, viniendo a suplir Cristina.

 

Empezó a sonar otra canción Torero de Chayanne y todas en la pista saltaban de alegría cuando uno de nuestros compañeros empezó a bailar junto a ellas. Francesca se alejó hasta la mesa y se quitó el pasador del pelo dejando este suelto al aire (fue una visión excitante verla sacudirse el pelo y tocárselo con la mano para dejarlo todo salvaje). Luego se quitó el bolero que le cubría los hombros dejando ver la parte de arriba del vestido que sólo tenía una manga. ¡Que sensual! Pensé mientras me mordía inconscientemente el labio inferior. Justo en ese momento, ella se giró como si pudiera leer mis pensamientos y me miró fijamente. Yo me quedé como cortado pero al verla sonreír, se me pasó todo. Salió a la pista de nuevo sin dejar de mirarme. En aquel momento empezó a sonar Genie in a bottle de Cristina Aguilera. Era una canción muy sensual. Bailó entre todas las chicas que de nuevo se habían quedado en la pista y con movimientos morbosamente interesantes. De vez en cuando, cuando su cuerpo imitaba una corriente que traspasaba en forma de onda todo su cuerpo, me miraba y yo creía arder por dentro. Me la imaginaba encima mío, escarrancha entre mis piernas y haciendo aquellas inclinaciones pélvicas tan cerca de mí que podía sentir hasta cuando le faltaba el aire. Tuve una erección con esos pensamientos.

 

Cambió la música y empezó a sonar La Tortura de Alejandro Sanz y Shakira. Entonces lo vi claro,… jamás podría acercarme a ella si no salía a la pista de baile. No pude hacerlo. La miré y pensé: La tortura para mi es no poder estar con ella y hacer mis pensamientos realidad. En ese momento ella pareció que me escuchara. Paró de bailar. Yo me fui al baño a serenar mis pensamientos. Cuando iba a salir del baño ella estaba en la puerta y me dijo: “Salgamos de aquí”. No me lo pensé dos veces. Nos fuimos a mi coche y ella me indicó una dirección. Creía que era la dirección de su casa. Me equivoqué. Era un club liberal. Entramos, pedimos una copa. Adentramos y teníamos que desnudarnos antes. En la entrada había un sillón esquinero para sentarse y ella me hizo que me sentara. Me dijo: “No dejes de mirarme” No me había dado cuenta pero por los altavoces del local, sonaba Genie in a bottle. Desabrochó su vestido que estaba bajo una axila y dejó caer su vestido al suelo. No llevaba sujetador. Me excité a contemplar sus pechos por primera vez. Se acerco a mí, aún con el culotte puesto y con los tacones y empezó a desnudarme. Estaba tremendamente empalmado. Me dejaba llevar y me encantaba. Cuando sólo me quedaba el boxer, empezó a menear su culo bajando suavemente sin llegar a sentarse en mí y subiendo rozando con su trasero mi sexo custodiado aún por mi ropa interior. ¡Eso me puso aún más caliente! Se acabó de desnudar dejándose los tacones. Nos fuimos adentro y entre una luz muy tenue, apagada, había parejas aquí, parejas allá, dándose placer. A mí me guiaba su cuerpo y fuimos a parar a un cuarto oscuro. Estaba abierto a todos los que quisieran. Allí ella empezó a rozarse contra mi cuerpo primero de espaldas, para que pudiera sentir su culo apretando contra mi pene. Empecé a besarle el cuello mientras acariciaba sus caderas y las apretaba más contra mi cuerpo. Ella alargó una mano hasta mi sexo y empezó a pajearme. En ese mismo momento, un hombre entre las sombras y una mujer se le acercaron. Ambos empezaron a morderle los pezones. Esa visión me puso más duro y su mano, me recompensó con caricias cada vez más lentas. Su otra mano fue al sexo de la chica acariciando su sexo y poniéndonos al otro hombre y a mi cardíacos con aquella visión lesbicamente morbosa. Luego soltó mi verga y me pidió entre gemidos que avanzara. Metí mi sexo en su trasero. Ella aprovechó su mano suelta para alcanzar el pene del otro hombre. Aquella mujer, aquella diosa, estaba dando placer a tres personas a la vez. La mujer disfrutaba con aquellos dedos paseándose por sus adentros. El otro señor disfrutaba a placer con aquella paja tremendamente lenta y pausada que ponía todo el bello erecto. Y yo, estaba disfrutando con su tremendo trasero, agradecido, respingón, tremendamente travieso. Otra pareja se acercó a nosotros cuatro. Quería probar el elixir de deseo que emanaba de aquella hembra. En aquel momento, el tercer hombre, se puso frente a ella y se la metió en su húmedo sexo. Yo no dije nada. Nadie dijo nada. Todos deseaban probarla. El hombre que estaba antes que había sido apartado por el tercero, empezó a tocarse esperando su turno (valía la pena esperarla). Las otras dos mujeres se pusieron una a cada lado y ella, teniendo a dos hombres follándola, haciéndola gemir de deseo, había deslizado sus dedos dentro de sus sexos haciendo que gimieran como locas. Tanto el tercer hombre como yo, empezamos a envestirla primero poco a poco y luego cada vez mas fuerte. Nos gustaba ver como gemían las tres de placer y ella,… aún más. El tercer hombre se derramó y se apartó. Yo decidí ponerme delante y el otro hombre que se estaba masturbando a la espera de su turno, se la metió por detrás sin que ella, en ningún momento, dejara de masturbar a las dos mujeres que se corrían una y otra y otra y otra vez sintiendo sus dedos bien adentro de ellas. Sentir su sexo tremendamente húmedo me puso al borde del derrame. Tuve que contenerme varias veces pues no quería ceder mi sitio a nadie. La tenía frente a mí, con sus piernas bien abiertas, sintiendo una doble penetración y… dejando llevarse hasta la extenuación por caricias entre gemidos de mujeres a las que estaba proporcionando la mejor sesión de sexo de  su vida. Me derramé dentro de ella y el hombre de su trasero casi a la vez conmigo.

 

Estábamos los tres hombres extenuados pero ellas, seguían y seguían. En un momento, la cogieron de la mano, la sacaron fuera del cuerpo oscuro y la llevaron de la mano, a una zona de colchones en forma redonda. La pusieron en medio y mientras ellas se masturbaban para ella, nos invitaron a estar a los tres con ella. Ella se puso a cuatro patas. El tercer hombre la penetró analmente. Con sus manos, empezó a menearnos el sexo al otro hombre y a mí, mientras ellas, se masturbaban entre medio de ambos para ella. Las otras parejas se reunieron alrededor de aquella zona redonda. Sus parejas empezaron a pajearles como ella hacía con nosotros y en poco tiempo, vimos como se fueron corriendo encima de su cuerpo agradecidos del espectáculo que les había proporcionado. No sé cuanto tiempo estuvimos alternándonos a aquella mujer insaciable sólo se, que cuando salimos, tomamos una coca cola en la barra y dándome dos besos en las mejillas me dijo: “Hola, yo me llamo Francesca”. Sonreí. La besé en la boca. Acabábamos de conocernos.

lunes, 25 de noviembre de 2013

CONFLICTOS EN EL PATIO DEL COLEGIO


 

* La multa por insultar a un policía se elevará hasta 30.000 euros. (Vejar o amenazar a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado será una infracción administrativa "grave") Enlace web: http://www.lavanguardia.com/politica/20131119/54393607198/multa-insultar-policia-30-000-euros.html.

 

* Multas de 60 y 90 euros para cinco acusados de insultar a Wert en Santander (Enlace web: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/12/15/espana/1355577954.html).

 

* Multas de 600.000 euros por convocar una protesta en Twitter ante el Congreso (Enlace web: http://www.eldiario.es/politica/multa-convocar-protesta-Twitter-Congreso_0_198430170.html).

 

A veces hay que recordarles a los políticos donde estamos: España, vive una democracia. ¿Qué es la democracia? Democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales (Enlace web: http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia).

 

España dejó de vivir en una dictadura en 1975 con la muerte de Francisco Franco. ¿A qué parece fácil de entender? Pues nada, ellos que parecen haber sido los más eruditos de la clase por la cuestión del estatus que ocupan ahora,… pues nada, que no lo entienden.

 

Y ahora viene el gran problemón: ¿Qué pasa cuando los niños (que todos lo hemos hecho cuando pequeños) insulten al papa de un policía en un patio? Se va ha armar al de Dios si la madre por cada insulto que diga el peque tenga que soltar 30.000 euros.

 

Quien no recuerda haber dicho: “¡Me cago en tu padre!”. Y al otro responder aún con mas irá: “¡Y yo en el tuyo que es más capullo!”. Es más, los niños que los dos padres sean policías se convalidaran los insultos a final de mes. Ya me imagino:

 

“Juanito, tu le has dicho a Pablito tres insultos de su papa por uno que ha dicho mi hijo, llámale a este señor cabrón un par de veces y así quedamos empate a insultos”. Imagínate que ese niño no quiere insultar ese día,… pues le toca castigo doble y es que los niños,… no les gusta que los presionen y le digan lo que tienen que hacer. Tampoco les gusta el insulto gratuito y en eso si son pequeños pero no tontos.

 

Lo peor será cuando un hijo de policía insulte a un hijo de político. ¡Madre mía! ¡Que follón! Por cada insulto del niños del político el pobre niños de policía podrá insultar al papa del otro 333,33 insultos que si ya es un problema decir un insulto entero imagínate si tienes que hacer unas treinta y tres décimas de insulto a un político. ¿Cómo se hace eso? A ver, voy a probar. Si yo le digo:

 

“Dile a tu padre que deje de violar a mi perro, que ya tiene a la perra de su mujer y a su hijo animal”.

Si sumamos las letras: 77 y hacemos un calculo tocan 51,56 (redondeamos a cincuenta y dos para no liarla más) letras para insultar. Así el insulto anterior quedaría:

 

“Dile a tu padre que deje de violar a mi perro, que ya tiene a la perr…” ¿Puede considerarse esto un insulto? Yo digo que no y entonces venga a acumular décimas hasta completar el insulto entero pues sino,… siempre salen decimales (es que los políticos, cuando piensa en reprimir al pueblo, siempre se olvidan de los más pequeños y sus trifulcas de colegio).

 

En fin, recordar lo siguiente: Insultar a un político: 90 euros. Insultar a un policía: 30.000 euros. Convocar una protesta en Twitter ante el congreso: 600.000 euros. Ver la cara de gilipollas (aún más) que se les queda a todos por pasarnos por el forro su LEYES DICTATORIALES,… ¡¡¡NO TIENE PRECIO!!!

 

MORALEJA: Anacarsis, (s. VII AC-s. VII AC) Filósofo escita, dijo: “Muchas veces las leyes son como las telarañas: los insectos pequeños quedan prendidos en ellas; los grandes la rompen”.

 

LA LUZ GUÍA (escrito)


 
Hay sombras, cada vez más, a mí alrededor. Por la ventana no entra la luz. Esta todo negro, fundido entre tinieblas. Son las siete y no clarea. ¡Hasta el sol se ha tomado el día libre!
 
Ayer, cuando aún quedaba un poco de luz, tuve una esperanza renovada. Encontraba mi sendero, una estrella, una brizna que salía de alguna candela prendida muy lejos, que con su poca luz, daba un poco de sentido a mi camino. Respiré hondo. ¡Me sentía feliz! Por fin una ilusión tras mucho tiempo y llegó así, como si nada, con los últimos rayos del crepúsculo. Pero el manto llegó demasiado rápido, sin apenas poder saborear la poca alegría que se contuvo en aquel momento.
 
Primero sentí frío. Me arropé con una manta. Segundo me sentí vacía. Un vaso que no estaba lleno de nada. Eso me incomodó. El paso amargo entre la desesperación y el caer a un lugar completamente inhóspito en medio de un bosque sombrío. Tercero fue la caída larga, profunda, dolorosa. Sentí un dolor recorrerme por todo el cuerpo hasta apoderarse de cada molécula de mi ser. No podía moverme.
 
Tumbada en el suelo vi pasar mi vida. ¡Aquello fue lo peor! No haber vivido había sido algo completamente llevado por todo lo que me rodeaba. El trabajo no me permitía grandes cosas. Ese trabajo, mal pagado, mal ambientando, mal acondicionado pero vital para poder sobrevivir. Sin pareja, sin amigos, sin nada. ¿Compensa algo el haber vivido a medias? En aquel momento el dolor me corrompió por entero. No podía oír nada. Quería gritar y la voz no me salía. Sola, tumbada viendo escaparse mi vida, mi escasa vida, sin poder hacer nada.
 
Me empezaba a faltar el aire. El fin estaba próximo. Podía oler a la muerte en mi espalda.
 
Abrí los ojos. ¡Todavía era de noche! Esperé sentada al lado de la ventana, un albor, un rayo pequeño que me volviera dar la esperanza de la noche anterior. ¡No había nada! ¡El sol estaba de huelga!
 
No podía marcharme sin ver algo de luz. ¡Lo necesitaba! En mi trabajo no había ventanas. En mi trabajo no había sueños. En mi trabajo no había nada. Sólo horas marchitas, gente que pasa y ni sabe mi nombre, llamadas de teléfono vanas, gritos y más gritos de personas con una vida supeditada a la mía.
 
¡Dame una luz cielo! Necesito ver algo de calor, de fuego, de llama arder antes de irme de aquí. Hoy ni el cielo escucha mi suplica.
 
Cojo las llaves, salgo de casa. Fuera hace frío, mucho frío. El sol no ha salido. No saldrá. Hoy lo negro lo impregna todo por entero y la única guía es la de teléfonos.
 
¡El sol se tomo vacaciones! La incertidumbre negra reina sobre mi cabeza. El fin llegó ante mis ojos. No veo nada, está muy oscuro, pero lo siento. ¡ES EL FIN!

sábado, 23 de noviembre de 2013

GUERRA DE PALABRAS AFILADAS

 

La mentira es muy dura de llevar. La mentira corroe. La mentira corrompe. La mentira pudre. La mentira asfixia. La mentira se nota hasta en la mirada. La mentira de persigue. ¡No puedes contar siempre la misma versión! La falsedad lo impregna todo. Lo que ayer era por la mañana, ahora lo relatas por la tarde y, sin querer, dices que fue una noche cuando todos dormían. ‘¿Es posible?’  Pregunta uno que no se lo cree incrédulo de lo que escucha por tercera vez y sin una transcripción coherente de lo que pasó (además es alguien muy cercano, alguien que ha estado ahí siempre, alguien que conoce a las dos partes). La pregunta te acorrala. No tienes salida. La espalda contra la pared. Delante de todos aquellos a los que engañaste y entre tu y ellos,… una mentira siempre mal elaborada.

 

Consigues, sin saber como, un momento de despiste con un escudo de palabras mal enfiladas. ¿Seguro que estás preparada para una guerra dialéctica? Para eso hace falta coraje, fuerza, honor, verdad y por desgracia no conoces ninguno de esos vocablos que para empuñar una “espada”, aunque sólo sea en sentido figurado, contra una contrincante que ni quiere luchar y no va a perder pues lleva engarzada en cada poro de su piel, el honor, el coraje, la fuerza y, lo más importante, la verdad.

 

Sabedora como eres de tu mentira, sales a la arena del circo romano. ¡Mal asunto! Gritas improperios directos contra mi persona (pobre de espíritu es aquel que utiliza los malos vocablos para diezmar las fuerzas del otro). Yo lanzo el escudo al suelo, tiro la espada, me quito la coraza. ¡No me asustas! ¡No quiero herirte! ¡No quiero ni verte!

 

Me acerco a ti lentamente y te digo simplemente: ‘¡Di la verdad!’ Eso te confunde. No estabas preparada para que yo no quisiera luchar, para que vaya desarmada. Estabas preparada para que te insultara como tú lo has hecho conmigo. Estas preparada para soportar gritos de mi boca. No sale nada de eso. Sólo tres palabras en medio susurro: ‘¡Di la verdad!’ Quisieras asestarme una puñalada con tu espada pero todos miran y no puedes herir a alguien desarmado, no porque sientas que es algo malo sino porque ellos te juzgaran. El cuerpo a cuerpo es lo más adecuado. Pero no tienes fuerza, no tienes valor, no tienes nada a parte de una triste y mugrienta espada que se ríe de ti, un sórdido escudo de papel maché que no te protegerá para siempre. Mis palabras son sencillas y el viento las conduce para que lleguen claras a tus oídos: ‘¡Di la verdad!’

 

Te desmoronas. Caes de rodillas sobre la arena. Confiesas a voz en grito todo lo malo que has dicho sobre mí. El público enmudece. ¡No puede creerlo! Todos aquellos a los que no debía yo ninguna explicación porque no conozco, me miran con ganas de conocerme. Luego te miran con miradas reprobadoras. ‘¿Cómo pudiste hacerlo?’  Te dice alguien que creía en ti. Yo me doy media vuelta y me alejo. Una victoria así no merece la pena. Luchaba con ventaja porque no tenía nada que ocultar. ¡No había hecho nada malo! Eso estaba más que claro. Siento abucheos a lo lejos. Intento alejarme rápido pese a que se que no son contra mi sino contra ti y tus mentiras.

 

La guerra acabó con una única batalla, con una victoria amarga pero esclarecedora. No ha habido víctimas por suerte. Una vez más los únicos muertos son los valores humanos. ¡Lástima de convivir con personas no evolucionadas!

 

MORALEJA: Friedrich Nietzsche, filosofo alemán (1844-1900), dijo: “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti.”

 

viernes, 22 de noviembre de 2013

“ENTRE TODOS”,… METEMOS LA PATA


 
Errar es innato en el ser humano. Estamos a veces tan convencidos de lo que alguien nos contó, o escuchamos de rebote, que no nos paramos a veces ni un segundo a comprobar que es cierto y que es no.
 
Vaya por delante que yo soy la primera que odia que la televisión utilice a personas para subir en audiencia con su pena, con su dolor o con su necesidad. Ahora bien, el hecho es bien cierto de que LOS ASISTENTES SOCIALES no ayudan al que más lo necesita sino al que ellos creen que es el que más lo necesita. Yo si me he parado a comprobarlo, yo si me he tomado el tiempo de ir con personas a estos centros y ver lo que les dicen a la propia cara como si PEDIR PORQUE NO TIENES Y PASAS NECESIDAD no fuera suficiente.
 
Desde si tiene familia pídaselo a ellos, a si su pareja trabaja, aunque cobre seiscientos euros, ya tiene ingresos para poder vivir y la que MENOS me ha gustado de todas las que he oído: compréndalo pero otros están peor que tú (porque no tratan a nadie ni de usted aunque pinte canas y se lo haya ganado por antigüedad).
 
Es cierto que la penuria que están pasando muchas familias es una plaga que el gobierno actual en vez de solventar empeora. Pero también es cierto que ya es suficientemente humillante para salir ante todo un país y parte de Latinoamérica para que un niñato o una niñata venga a dar ahora lecciones de grandeza por ser simplemente, uno más que ni siquiera puede ayudar sin pedir antes más datos para hacer la declaración de la renta.
 
Quien quiere ayudar, ayuda. Quien quiere fastidiar, fastidia. Quien quiere llamar la atención en la tele, llama para decir que va ayudar a esa persona y lo único que le da son lecciones de moralina barata que ni sirven para calentar un hogar, ni para dar de comer a los tuyos, ni financiar un proyecto para poder ayudar a un hijo enfermo.
 
Me gusta las personas que dan sin pedir nada a cambio pero los que sólo dan enseñanzas de tercera,… para mí pueden guardarse sus palabras en lo más profundo del orgullo y callarse para siempre.
 
El trabajo social se define según la Federación Internacional de Trabajadores Sociales y la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social (IASSW) como la profesión "que promueve el cambio social, la resolución de problemas en las relaciones humanas, y el fortalecimiento y la liberación del pueblo, para incrementar el bienestar. Mediante la utilización de teorías sobre comportamiento humano y los sistemas sociales, el trabajo social interviene en los puntos en los que las personas interactúan con su entorno. Los principios de los Derechos Humanos y la Justicia Social son fundamentales para el Trabajo Social" (enlace web: http://es.wikipedia.org/wiki/Trabajo_social). Si las personas que acuden a un programa de televisión resuelven sus problemas de esa manera NINGÚN TRABAJADOR SOCIAL es nadie para, encima, humillarles más ante las cámaras y en directo.
 
 
MORALEJA: Paulo Coelho dijo “Un niño puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea”. Dejar de actuar como niños aquellos que dais palabras muertas, consejos vacíos y lecciones sin moraleja. Empezar a ser adultos y respetar al SER HUMANO por encima de todo. (¡Habéis estudiado! Así que ya sabéis de que hablo).

LA ORDEN DE LAS TIJERAS OXIDADAS (escrito)



No puedo decir que fue fácil constituirnos. Todas habíamos sido vejadas por el mismo hombre que otra vez se encontraba en libertad gracias a este pésimo sistema judicial que tenemos en nuestro país.

 

Aún recuerdo cuando el juez nos llamó para informarnos de que al día siguiente sería liberado. Nada de arrepentimiento por su parte, nada de mejora del comportamiento, nada de interacción con los programas internos de prisión. Pese a todo eso, liberado, como si fuera una bomba de relojería, un animal cautivo liberado con más ansias de seguir haciendo más y más daño a las mujeres.

 

El juez nos dijo, sin mucha sensibilidad, que nuestro agresor sería puesto en libertad al día siguiente y,… ¿Sabéis que protección nos facilitaba? Tratamiento psicológico (si, un tanto irrisorio pero sin pizca de gracia para nosotras, las violadas, las victimas, la mujeres marcadas por el abuso).

 

Salimos de allí de nuevo sintiendo en nuestras propias carnes, lo que había sucedido. Desamparadas, asustadas, ultrajadas por la justicia.

 

Volvimos a casa y permanecimos un mes encerradas. Alguien se puso en contacto conmigo. Sólo una promesa tras la línea telefónica: nunca más volverás a sentirte estremecida. Esa promesa me hizo alzarme de la cama e ir al lugar que me habían citado.

 

Allí estábamos todas, todas las marcadas por aquel violador. Sólo una mujer diferente que nos alentaba a combatir el fuego con fuego. Nada grave pero si ilegal: llevar unas tijeras oxidadas en el bolso. Nos enseñó como usarlas en caso de ataque tanto frontal como posterior. No enseñó a dar media vuelta a las tijeras una vez clavadas para que la herida infligida no se cerrara. Los justicieros, los que imparten justicia, nos daban ayuda psicológica como solución a soltar a un monstruo capaz de volver a hacer todo lo que nos había hecho a nosotras. Y ella, una mujer que también había pasado mucho miedo en el pasado también por culpa de un violador, nos daba un arma, un arma blanca, que cualquiera podría llevar en el bolso sin ser acusada, a simple vista, de que fuera un objeto que se utilizara para defenderse.

 

La orden estaba creada. No éramos putas. No éramos vírgenes ni monjas. Éramos mujeres, mujeres estigmatizadas por el mismo individuo al que otra vez de le daba rienda suelta para poder campar a sus anchas por donde él quisiera y volver a atormentar mujeres.

 

Habían pasado sólo dos meses que le habían puesto en libertad. Yo volvía a casa del trabajo. Era la primera vez en sesenta días que iba sola por la calle. De golpe un olor familiar. El cuchillo en el cuello por segunda vez. ¡No! ¡No puede ser! ¡Otra vez no! Llevaba las tijeras en la manga de la chaqueta (siempre las llevaba allí por precaución desde la reunión). Grité NO, un no fuerte y ensordecedor. Al mismo tiempo saqué las tijeras, las hinqué fuerte bajo su cintura y dí media vuelta. Mi grito alertó a los vecinos. Ellos avisaron a la policía. Yo seguí allí, frente aquel hombre que se retorcía de dolor en el suelo entre un charco de sangre. Cuando llegaron estaba en estado de shock aún. Sólo podía alcanzar a decir: ‘¡Identifíquenle! ¡Identifíquenle! ¡Identifíquenle!’ Cogieron su cartera y metieron su nombre en un pequeño ordenador que llevaban a bordo. Al introducir el nombre salió sus antecedentes. Vieron el cuchillo que había caído a un metro escaso de distancia. Me preguntaron: ‘¿Necesita algo? ¿Podemos hacer algo por ti?’  Sólo alcancé a decir. ‘¡No llamen a una ambulancia!’

 

Ellos habían querido que me tomara la justicia por mi mano. Lo había hecho. El final había llegado por fin.

jueves, 21 de noviembre de 2013

ERRORES GRAMATICALES GRAVES



* Gamberrada: Acción dañina, molesta o escandalosa para otras personas (Enlace web: http://www.wordreference.com/definicion/gamberrada).

 

* Primer delito: Por el primer delito cometido, si la pena de cárcel es inferior a dos años, no vas a prisión.

 

* Muerte: La muerte es un proceso terminal que consiste en la extinción del proceso homeostático de un ser vivo y, por ende, concluye con el fin de la vida. El proceso de fallecimiento -aunque está totalmente definido en algunas de sus fases desde un punto de vista neurofisiológico, bioquímico y médico-, aún no es del todo comprendido en su conjunto desde el punto de vista termodinámico y neurológico y existen discrepancias científicas al respecto. Adicionalmente no se ha definido científicamente en qué parte del proceso está el umbral en que se pasa de la vida a la muerte. (Enlace web: http://es.wikipedia.org/wiki/Muerte).

 

Cuesta pensar que una muerte en España se paga muy barato. Cuando aún estamos consternados con la liberación del violador del ascensor por la derogada Doctrina Parot sin cumplir su pena que ascendía a mucho mas de los 21 años escaso que ha cumplido en la cárcel sin mostrar en ningún momento arrepentimiento, nuevas resoluciones judiciales ponen en entredicho la justicia en nuestro país. Cuando unos padres matan a su hijo y se van a casa como si no hubiera pasado nada eso no es justicia. Cuando un abogado para defender a su cliente alega que fue una gamberrada cuando la persona que incluye a los seis delitos ya es mayor de edad es que hemos perdido el norte. Cuando un primer delito, si la pena de cárcel es inferior a dos años no vas a prisión estamos hablando de que puedes hacer cosas muy serias e irte a tu casa tan campante.

 

En un país donde los ricos ROBAN por robar pues no se entiende que un duque, o una princesa, o el hijo de una infanta necesiten ese exceso de capital como si no tuvieran suficiente con lo que ya obtienen sólo por ser quienes son, las vida, la humildad y la franqueza dejan de tener valor y peor aún, sentido humano compresible para los que tenemos corazón.

 

Caso abiertos que no se cierra, juicio que llegan diez, once o doce años tarde sin que la pena sea justa, es que hay que hondar en el problema y arrancar la parte enquistada del sistema para poder renacer de la tierra con las lecciones aprendidas.

 

¡Se acabó los errores! Si no son gramaticales y graves, el resto no tiene cabida para una sociedad cansada de ver que no se hace nada por solventar a un problema que está afectando no sólo a hombres y mujeres sino a niños.

 
MORALEJA: Menandro de Atenas dijo: “El hombre justo no es aquel que no comete ninguna injusticia, si no el que pudiendo ser injusto no quiere serlo.”